La iglesia católica como modelo de negocio

La iglesia católica como modelo de negocio

Siempre he sido critico, soy y lo seré con la iglesia católica y en general con todas aquellas instituciones privadas que utilizan la fe de las personas, la ignorancia y el malestar humano para ganar adeptos, mantener fieles y logran pingües ingresos, y más allá de aquí criticar lo que considero la gran mentira de las religiones quiero tratarlas en este artículo como modelo de negocio de éxito

Sin duda la iglesia católica no se encuentra en su momento de mayor auge de su historia, su poder se ha visto menguado y encima esta dejando de ser un oligopolio y le aparece competencia, su clientela en muchas partes del mundo se hace mayor y el ritmo de rotación de clientes ya no es tan elevado, y en las partes del mundo en las que aun conserva gran poder, el mismo va en declive, pero sin duda aun conserva la estructura, capacidades y poder que muchas multinacionales ya firmarían hoy mismo.

La iglesia católica en base a un producto muy elaborado y muy bien vendido (Jesús) supo transmitir perfectamente las necesidades de sus clientes, pues les ofrecía a cambio de formar parte de su núcleo de clientes, la salvación, el perdón y otras cosas por el estilo, esta oferta (el paraíso, el cielo, dios,…) era y es una oferta muy apetecible en épocas y lugares donde la hambruna y la desesperación eran o son el pan nuestro de cada día, por ello la iglesia católica supo jugar como nadie las cartas de posicionarse en el mercado sabiendo utilizar perfectamente las necesidades de seguridad y bienestar que demandaban sus potenciales clientes.

Ante los desarrollos sociales, la empresa católica combatió a la competencia, a los contrarios y en general a todos aquellos que pudiesen poner en peligro su status, por medio de la fuerza dado el poder del que gozaba, es decir marco sus precios y condiciones pues su posición dominante se lo permitía, y también por medio de atizar el miedo que en muchas ocasiones generaba nombrar el temor a dios y demás imágenes o fabulas sobre las que se sustentaba y sustenta la iglesia.

Ahora bien, todo lo anterior cambia cuando aparecen nuevos actores y nueva competencia en el sector, y cuando las sociedades se van democratizando y sacándose el yugo de encima, a la vez de que van cobrando mayor nivel cultural y educativo. En ese momento (y creo que es el que nos encontramos en la actualidad) es cuando la empresa católica pierde gran parte de su posición dominante en el mercado, aunque aun por inercia y por la estructura de la que dispone mantiene un estatus privilegiado, pero la gran pregunta es, ¿hacia donde va una empresa que ha dominado el mundo durante siglos cuando su clientela empieza a dudar, desertar y perderle miedo?

Pues a mi parecer la empresa tiene que reorientar su estrategia, pues ya el objetivo no deberá ser imponer (más allá de a los suyos) ni liderar el mundo de las creencias, sino ser un actor más en el sector de las religiones y de los vendedores e intermediarios de la fe, y ese actor que puede tener una gran relevancia en una parte importante de la población, debe orientarse a eso y solo a eso, a su target objetivo.

Otro tema es que para modernizar sus estructuras, para captar más adeptos o para no perder más clientes la iglesia deba ofrecer a sus clientes (los católicos) productos más adaptados a los tiempos o no, pero eso ya decisión del director comercial y de marketing, y en todo caso del director general de tan magna compañía.

ateosenmadrid

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